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La emoción, al trabajo

Reportajes y Notas

“La emoción, al trabajo”

Entrevista de Clarín MUJER a la Profesora Inés Moreno

Transcribimos la nota “La emoción, al trabajo” publicada por Clarín-Mujer, para la cual fue entrevista la Profesora Inés Moreno:

“Los sentimientos ya no son una mala palabra en el mundo profesional. Los expertos dicen que potencian el desempeño y humanizan las relaciones entre los empleados. El papel clave del humor.

No pasó mucho desde que en las empresas estaba mal visto que las personas trasladaran sus temas personales a la oficina. Una frase muy común sugería a los empleados que al llegar escribieran sus problemas en un papelito y lo guardaran en un cajón. Pero ahora otro enfoque reemplaza a ese viejo paradigma y propone entender a las personas de manera integral, con sus emociones, la carga afectiva y los temas cotidianos a cuestas.

Hoy en lugar de ver esto como cuestiones problemáticas, se enfatiza en el potencial de aprovecharlas para un mejor rendimiento laboral. Hay una nueva mirada de los recursos humanos y el trabajo. El primer desafío que se plantea es comprender que los empleados son seres integrales, atravesados por miles de emociones cada día. Y dentro de los grupos, estas cuestiones se multiplican. “El enfoque racionalista, que planteaba que las emociones eran cosa de mujeres, o de ‘flojos’, no tiene más vigencia”, asegura Viviana Arbelo, socióloga y responsable de la consultora Sociología Clínica. “En las empresas, las necesitamos para trabajar motivados, con pasión. Pero también pueden aflorar ciertas cuestiones, que resulta clave drenar para que no generen conflictos”, apunta Liliana Bianchi, especialista en recursos humanos y docente de la UBA y UCES.

Una conquista de género. “En los últimos años la mujer ganó puestos clave dentro de las organizaciones, y esto ha puesto en discusión el tema de las emociones”, señala Inés Moreno, consultora de empresas en manejo de las emociones y trabajo en equipo. Y agrega: “Es un desafío que, principalmente, se plantea en el universo masculino. Con ellos hay que trabajar más el manejo de las emociones”. La ventaja que trae incluir estos nuevos temas es que se humanizan las relaciones. En tiempos de comunicación mediatizada, los emails y mensajes de texto concentran gran parte de las comunicaciones entre miembros de un equipo, incluso cuando se encuentran apenas a unos metros de distancia.

Estos medios no permiten matices, entonaciones y hacen perder la riqueza del lenguaje corporal, una cuestión esencial para las relaciones interpersonales. En los casos de un intercambio de opiniones, Inés Moreno sugiere dilatar las respuestas que pueden ocasionar un conflicto, o prolongar uno ya existente. “Hay que analizar primero las cuestiones que despiertan nuestro enojo, o que pueden afectar al otro, y elaborar con cuidado la respuesta más adecuada para resolver la cuestión”.

El ejercicio de la inteligencia emocional, aquel concepto que instaló hace dos décadas el escritor Daniel Goleman, es el que permite construir la estrategia para comunicar mejor esos sentimientos. “Un profesional puede ser intelectualmente brillante, pero si no tiene una inteligencia emocional entrenada, tendrá dificultades para relacionarse con el resto. Y este entrenamiento no puede ser teórico, hay que vivenciar las experiencias para aprender”, sentencia Moreno. “Más allá de lo negativo o positivo, debemos saber que el 90% de la comunicación es no verbal. Los gestos son un lenguaje inconsciente que expresan y construyen nuestras emociones. Haciendo un gesto, producimos un estado interno”, apunta Arbelo.

Existe miedo a liberar las cuestiones vinculadas con los sentimientos. Pero a la larga, las consecuencias de esa represión pueden ser negativas. “Una emoción reprimida siempre encuentra dónde alojarse. Y eso puede afectar a la persona y al grupo”, señala Moreno. Liliana Bianchi coincide, y agrega: “Con esto no estamos haciendo una apología del desequilibrio emocional, sino que proponemos conocer y aceptar que las emociones no forman parte de las personas, las atraviesan en lo que hacen y, por consiguiente, también a las organizaciones”. El desafío para los líderes, jefes y responsables de recursos humanos es convertirse en facilitadores, para que todos sean capaces de gestionar esas emociones en beneficio propio y del entorno. Tolerancia a la frustración El enojo por una injusticia, críticas al propio trabajo, devoluciones poco felices sobre lo que demandó tiempo y esfuerzo, celos profesionales.

Estas, entre otras, son situaciones que pueden desatar reacciones desmesuradas.“Aquí entra en juego la tolerancia: una misma situación no afecta por igual a dos personas”, apunta Moreno. En estos casos, las emociones pueden jugar una mala pasada si uno no tiene control sobre la reacción que generan. “Lo negativo es que las emociones nublen la realidad y se pierda objetividad. Esto se agudiza cuando hay mayor responsabilidad, por eso los jefes que no tienen inteligencia emocional se perjudican a sí mismos y a su gente”, opina Bianchi. Estimular el buen humor. El equilibrio es el gran desafío. Pero para sobrevivir al estrés, hay que apelar al buen humor. Y esto no significa ser irresponsables ni trivializar. “El humor sano, en el que nos reímos con el otro y no del otro, genera un sentimiento de camaradería que ayuda a compartir las frustraciones y abordar las situaciones conflictivas”, asegura Arbelo. En este capítulo, vale incluir elementos graciosos en la decoración sobria de las oficinas, repartir golosinas, celebrar fiestas temáticas y todo lo que surja del grupo. “Compartir más que competir”, es el nuevo paradigma. La tendencia lleva a las empresas a implementar programas que articulan lo personal y lo laboral. “En mi experiencia, quien se siente acompañado en sus situaciones personales, es un empleado que logra mejores resultados. Aquel que evalúa tales beneficios en relación a su permanencia en la empresa y que construye un sentido de pertenencia más sólido trabaja mejor”, concluye la psicóloga Marisa Russomando. “Ahí reside la diferencia”(Por Carolina Buira, directora de Recursos Humanos de L’Oréal Argentina) “Nuestra empresa está conformada en un 50% por mujeres. El factor emotivo está presente”, señala Carolina Buira, directora de Recursos Humanos de L’Oréal Argentina.

Desde su lugar, ella trabaja permanentemente con las emociones y las situaciones particulares de todos los empleados -hombres y mujeres- de esa organización.“La palabra emoción viene del verbo latino movere, y esto sugiere que en toda emoción hay implícita una tendencia a la acción. Aquí se valora la innovación, el espíritu emprendedor y la capacidad de gestionar la complejidad”, asegura.Esta empresa ya tiene una historia en ayudar a sus empleados a aprender a manejar inteligentemente sus emociones. Por eso, además de seminarios, coaching y talleres, tienen cursos online, que los empleados toman voluntariamente. Uno de los más solicitados se llama “Cómo gestionar sus emociones”, que pone el foco en desarrollar las propias herramientas sobre la autoconciencia y la capacidad de motivarse a sí mismo. “Estas cualidades personales son parte del éxito laboral, porque allí reside la diferencia. Y no sólo se trata de las emociones propias, sino de las de los demás, a través de la empatía”.

Reportaje de Marina Daporta